Se abre el paisaje: Por  Cal y Canto a Independencia

 

carmelita1.1La primera impresión que se tiene al entrar por Avenida Independencia desde Mapocho no es, convengamos, la de entrar al Edén. De hecho, si no supiéramos lo que nos espera más allá de esas esquinas poco esfuerzo haríamos por traspasar esa frontera.

Apenas atravesamos el puente y cruzamos la calle Borgoño, todavía con el olor acre del río merodeando en la nariz, un confuso mar de autos, quioscos desvencijados y telarañas de cables eléctricos nos reciben con un golpe de vista que  casi nos aturde.

Sin embargo, ahí  también asoman, entre la bulla y la marea de  olores de un barrio popular,  los arcos en punta y la hermosa  torre neogótica de la Iglesia del Milagroso Niño Jesús de Praga,  que, como una señal celestial, nos persuade a seguir nuestro camino.

Lo que encontramos, luego de recorrer la avenida y sus alrededores, no es sólo una ciudad a escala local con  hospitales, un hipódromo, un estadio de fútbol, poblaciones emblemáticas y una Vega llena de color y tradiciones; lo que hallamos sobretodo, es una visión del pasado y de nuestra historia como nación en forma de  conventos e iglesias, de conjuntos residenciales y de ángulos, pasajes y escondrijos donde se siente el aliento espiritual de otras épocas. Quizás sea este maravilloso legado, con sus historias y su gente, el mayor  tesoro de la actual comuna de Independencia.

Los orígenes

Antigua EbnerDesde el punto de vista político- administrativo,  la historia de la comuna de Independencia es nueva y comienza a perfilarse el año 1981, de acuerdo  a la reorganización administrativa del país y la ciudad. Ese año, la comuna de Santiago fue dividida  y modificados sus límites comunales, dando paso a la formación sucesiva de nuevas comunas, entre ellas, la de Independencia enel año 1991.

Sin embargo, el sector que abarca lo que hoy llamamos  Independencia, anterior a cualquier definición de límites administrativos, es el resultado de una historia y una  identidad territorial que comienza a forjarse hace más de 500 años, con la entrada de los conquistadores españoles al valle del Mapocho y el poblamiento  de  la banda norte del río.

Durante la conquista, el sector de “La Chimba”, que en quechua quiere decir “en la otra banda,  es dividido en chacras y quintas que se reparten entre los ciudadanos  que comienzan a trabajar la tierra y a abastecer a la ciudad de granos, uvas y hortalizas. Esta vocación rural y campesina perdurará durante toda la colonia.

El uso agrícola que se hacía  de la zona y su distancia de la ciudad, sobretodo en periodos de crecida del río, fueron condiciones propicias para que la Chimba acogiera una gran cantidad de iglesias y conventos provenientes de distintas órdenes religiosas que se instalaron en el sector de la Cañadilla -hoy Independencia- y sus  inmediaciones.

La cañadilla mística

Llama la atención la cantidad e importancia de Iglesias y conventos que se instalan en la Cañadilla entre los siglos XVIII, XIX y principios del XX. Carlos Lavín, en su libro “La Chimba” publicado en 1945 nos dice: “La situación estratégica de los monasterios de La Chimba les ha permitido persistir y en especial aquellos de la Cañadilla ubicados en las barriadas ocultas que persisten entre Independencia y Vivaceta”.

Los más importantes son el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de San Rafael –el Carmen Bajo-levantado en 1767 por instrucciones del Corregidor de Santiago José Manuel Zañartu; la Iglesia de nuestra Señora del Carmen, más conocida como la Iglesia de la Estampa Volada inaugurada el año 1808; la Iglesia y convento del Buen Pastor de Angers terminada en 1871 y el Beaterio de las Verónicas fundado en 1865 y destinado a recibir niñas huérfanas.

Dos de estos conventos -San Rafael del Carmen Bajo y el Buen Pastor- han sido declarados Monumentos Históricos Nacionales por el Consejo de Monumentos, mientras que los otros tres son considerados edificios de interés patrimonial. Es decir, que estos conventos e iglesias son piezas valiosas y escasas de nuestro patrimonio nacional y elementos fundacionales en la identidad de la comuna de Independencia.

Pero no sólo se construyeron importantes monasterios en la Cañadilla, sino que además vivieron ahí una cantidad considerable de Obispos. En 1787 la Cañadilla se conocía como el “barrio de los Obispos”, tal como la calle de Las Monjitas era señalada como el “barrio de los presidentes”. Adquirieron propiedades al norte del Mapocho al  menos  ocho obispos que ejercieron su cargo apostólico en distintos periodos de los siglos XVII y XIX, lo que junto con los conventos e iglesias contribuyó a darle un aire monástico al sector.

Por la Cañadilla hacia la Independencia

10426189_342583042613573_7501721711525578346_nPor el camino de la Cañadilla, la principal vía de entrada y salida de Santiago, se representaron todas las escenas de desdicha de los días aciagos de la Reconquista y de los días felices de la Patria Nueva. Por ahí desfilaron, al día siguiente del desastre de Rancagua, el 3 de octubre de 1814, los fugitivos del ejército patriota camino a Mendoza, junto con demorosas carretas  cargadas de muebles, animales y refugiados de todo tipo.

Por ahí mismo entraron, algunos años más tarde, las tropas libertadoras de San Martín después de la victoria de Chacabuco, vitoreadas en triunfo por los campesinos, mulatos e indios de servicio que acudían de los alrededores de la capital. Corría el año 1817 y al son de las campanas de las iglesias de la Estampa y El Carmen Bajo, comenzaba en la Cañadilla la era del Chile emancipado.

De la República al siglo XX

Instalada la República, muchos eventos y escenas políticas y sociales se sucedieron a lo largo del siglo XIX. Entre ellos, eventos naturales como terremotos y crecidas del río; o sociales como la erradicación de los rancheríos que se habían instalado en la ribera norte del río y el saneamiento de muchos conventillos, ordenado durante la gestión del Alcalde Vicuña Mackenna.

Sin embargo, después de 1879 crecen y se consolidan en el lado poniente de Independencia fondas y cantinas que le darán reputación de barrio galante al sector. Esta fama contribuirá  en buena medida a conformar una parte importante de su identidad como un sello local que todavía perdura.

Así por ejemplo, en la esquina de las calles de Maruri y Lastra   se encontraba la famosa Fonda del Arenal donde se cantaban décimas, se bailaba zamacueca y se tomaba ponche. Campeaba con su resbalosa la Peta Basaure artista popular conocida en toda la capital. Este distrito galante, donde se juntaban farándula y malevos,  alcanzó su mayor esplendor a fines del siglo XIX y principios del XX.

Otro aspecto importante que integra la idiosincrasia del barrio Independencia, y que empieza a forjarse en el siglo XIX, es sucondición de zona de hospitales. Uno de los primeros en instalarse es el San Vicente de Paul, que sirvió como Lazareto en una época en que las continuas epidemias causaban estragos en los estratos bajos de la población.

En 1889, comenzó a funcionar la Escuela de Medicina, consolidando el sector como centro de salud. Pocos años después se levanta el edificio del Desinfectorio o Instituto de Higiene en terrenos ganados al río. Desde ese momento se suceden las instalaciones dedicadas a la  salud: En 1915 comienza funcionar el Servicio Médico Legal en Avenida La Paz; en 1930 el Instituto del Oncología Dr. Caupolicán Pardo Correa; en 1939 el hospital de niños Dr. Roberto del Río y en 1952 el Hospital Clínico de la Universidad de Chile José Joaquín Aguirre.

La primera mitad del siglo XX es, quizás, el periodo más fértil en cuanto a grandes proyectos,  que contribuirán a  determinar el carácter de la comuna. En materia deportiva, por ejemplo,  se creó en 1906 el Hipódromo Chile, que traerá un gran desarrollo urbano al sector de la Palma y en 1922 se fundó el Estadio Santa Laura, ambos recintos fundamentales en el desarrollo nacional de la hípica y el fútbol profesional.

Por otro lado, el crecimiento de la población y la cantidad y tamaño de  terrenos disponibles en el lado  norte del  Mapocho, impulsan  construcción de conjuntos habitacionales y poblaciones para una clase media incipiente. Entre las más importantes está la Población Los Castaños levantada en 1930 para Carabineros y cuyas casas fueron diseñadas por el reconocido arquitecto Luciano Kulcewski; y la población Juan Antonio Ríos, inaugurada en 1946 para 5.000 familias y convertida en símbolo del desarrollo de la vivienda social.

Se podría decir que, a mediados del siglo XX, el barrio Independencia es una pequeña ciudad que se alimenta en La Vega Central, posee hospitales, escuelas, cementerio, industrias como la Cervecería Ebner y la fábrica de chocolates Congo, además de un dinámico sector comercial del cual forman parte principal, las tiendas de venta de telas instaladas allí por los inmigrantes árabes.

Desde los años setenta a la fecha, la ahora Municipalidad de Independencia ha sufrido fuertes cambios, algunos para bien otros para mal. No se puede detener el tiempo, pero el carácter de barrio todavía parece sobrevivir todo tipo de transformaciones. El futuro dependerá de la voluntad y energía de su comunidad por mantener el espíritu que caracterizó a la comuna, y no dejarla desaparecer y convertirse en un pedazo de historia irrelevante.